LA INCÓGNITA DEL MISTERIO  

Posted by Ramón Danilo Cordero Rodríguez in ,



En el lecho reposaban nuestros padres, el sol estaba en el cenit cuando la sombra de la cabeza puede ser tocada con los pies; conversaban, planeaban y de vez en cuando jugueteaban. En ese juego se encontraron uno frente al otro y los ojos penetrantes de su compañero descubrieron en los labios de ella la miel como el néctar que destila la flor, abrazos se hicieron sentir y ambos en éxtasis caminaron en cuerpo celeste, viéndose uno; nuestra madre rememoró la escena del Edén ante la serpiente y él sintió como fuego penetrante que tocaba sus poros y ella descubrió estar en brazos extraños, experimentando la concepción, entonces él, fundido en el fuego, vio su alma lacerada; confundido, jamás descubrió el secreto del quehacer cotidiano.

Pasado el tiempo, asomó en la alborada de un día una peluda criatura, con cabeza despeinada, ojos semicerrados; pero como si quisieran brotar y salir de sus cuencas, frente pronunciada, labios deformados, como el capullo azotado por el viento, su cuello similar al de una jirafa, sus pies y manos en forma de sapo en posición a dar el salto y su vientre y espalda como la iguana en desplazamiento.

Su madre asombrada, llamó a su esposo; quien se detuvo anonadado y expresó "!Oh Eterno, qué mundo más extraño!", y lágrimas nublaron sus ojos. Ella mirando a la criatura, la escudriñó evaluativamente recordando en forma panorámica la acaecida escena del jardín y le pareció ver la mano del maligno en todo esto. Aquella criatura siguió desarrollándose e inició el proceso de imitación en la escuela de su entorno.

Un día, su madre le oyó imitar el cacareo de la gallina y luego el ladrido del perro, entonces su madre inicia a enseñarle la lengua materna.

A veces jugaba, conversaba a solas al margen de sus hermanos; su madre sospechaba que aunque se veía jugar y conversar solo, no era cierto; le siguió rastro como el lobo que sigue el rastro de la serpiente. Un día en que el sol radiante asomaba en el oriente como caballo galopante, oyó los pasos de alguien que no eran los de su compañero ni los de sus hijos y sintió que su cuerpo experimentaba el vuelo del erizo y un murmullo entre los árboles se oyó en dirección donde reposaba la extraña criatura. Aquel murmullo era una conversación amena entre la insólita criatura y alguien que no lograba ver, pero sí oír y sentir la sensación de algo que golpeaba la intimidad de su alma, por lo que decidió tocar el roble que le había sido dado por compañero; él abrió sus ojos como el capullo que accede frente a la energía que presiona sus pétalos y en eso vio caer algo inexplicable a la exótica criatura, entonces el patriarca gritó: "!Caín!", su acompañante flor nunca supo a qué se refirió; pero de ahí en adelante Caín vino a ser onomástica criatura, que en el correr del tiempo fue convirtiéndose en la incógnita de la familia; de vez en cuando se esfumaba del ambiente y su padre trataba de establecer un diálogo, cosa que él evadía.

En una oportunidad se reunieron como la tríada perfecta: padre, madre y la piedra de la preocupación, y allí en aquel espacio de silencio sólo roto por el suave silbido de la fresca brisa, el recitar de las doncellas que adornaban junto al trino de los pájaros y el devenir de las aguas a la madre naturaleza.

El pater familias interrumpió esa reinante armonía y preguntó: "hijo mío, ¿qué está pasando?" - pregunta que hizo eco rompiendo el silencio como el relámpago ante la oscuridad- el joven procedió a mirar por vez primera el rostro de su progenitor y descubrió que sus ojos eran penetrantes y temibles, pues le miraba como quien observa un cuerpo con el fin de escudriñar su interior, luego respondió: "No pasa nada, excepto lo que tú sabes", y vio a su madre como quien acusa y culpa; ella frente aquella mirada sintió y recordó y vio pasar la escena del Edén a la velocidad del rayo, y por las mejillas del titán de la familia se desplazaban como perlas copiosas lágrimas al ver en sus pupilas la imagen del maligno; levantándose procedió a edificar un altar, dejando a su ayuda idónea en secreta conversación con la pesadilla de su vida - ¿qué hablaron? - Ni aún el legendario patriarca lo sospechó, lo que sí se sabe, es que de ahí en adelante inicia la guerra de los titanes.


Nuestra madre se pone en pie y dirige su mirada a distintas direcciones y a la distancia de un tiro de arco ve su complemento, hacia donde asoma el sol dirige sus pasos lentos pero firmes cual felino en asecho de su presa y el joven queda cabizbajo; pero con sus labios en movimiento como si evocara a alguna entidad de los suburbios espirituales, mientras el patriarca erigía su altar y se preparaba para invocar al Eterno.

La flor de loto llega, tócale la espalda con su delicada mano e impregna en su compañero la sensación de un toque divino, él gira a la derecha y se encuentra con aquella beldad frente a frente, y mira sus ojos seductores, observa los labios como pétalos abriéndose frente a la luz y toda aquella estructura como paisaje absorbente, entonces determina sacrificarse a sí mismo en aquel esmerado altar; las nubes dieron paso al éxtasis ante un cielo despejado que danzaba al son del recitar de las aves, el regocijo de la arboleda, el salto del rumiante, el murmullo de las aguas y las montañas se deleitaban.

El sol vigilaba detrás de la colina y la pareja como muerta soñaba ver a su engendro levantado por los cabellos llevado como veleta a toda dirección, luego se oyó un alarido lastimero como el perro cuando percibe la muerte, la tierra se llenó de espanto, las estrellas asomaron enlutadas y la luna lloraba en su ocaso; a lo lejos se oyó el bramido del mar y vientos huracanados azotaron el ambiente, la tierra angustiada y resentida se ahogaba en el llanto y sus cimientos se dislocaron y los abismos se dieron cita y en los elementos se oyeron tocar las campanas como si fuese a iniciar el rito de los caídos. Por otro lado se oyeron trompetas y clarines, como el toque que invita a la batalla, mientras todo esto ocurría, nuestros ancestros oficiaban una ceremonia inexplicable; pero que pareció influir, para que aquella fuerza invisible abriera sus tentáculos y dejara libre su prole; y un sólo grito se dejó sentir en el ambiente mientras la criatura se precipitaba a los abismos, y en ese estado de angustia despertaron juntos a sus demás hijos que les aguardaban.

El panorama estaba tétrico, los jóvenes se veían inquietos y aquel ya joven también a lo lejos se observaba como un montículo de piedras maltratadas por el devenir del tiempo, éste se paró y tomó dirección al oriente y sentado junto a sus hermanos, habló al oído a su hermana, esbelta, hermosa, de pelo lacio color castaño claro y tez bronceada, rostro imponente, labios como la flor de lis, cuello delicado, ojos deslumbrantes como luceros que invitan y un cuerpo diseñado a la manera de la guitarra; pero vestida a lo natural - ¿qué le expresó la incógnita de la familia?- Sólo ella lo sabe, sin embargo de ahí en adelante su comportamiento fue distinto, pues, parece que las notas musitadas por su hermano abrieron las ventanas del romance que dio paso a los híbridos en la especie humana y desde aquel día se distanciaron de sus progenitores, pero la incógnita del misterio sigue aún en pie como piloto que ha perdido el horizonte.



Referencias:

Autor: Ramón Danilo Cordero R.
La Vega, República Dominicana.

Imagen:
Galería de LaT3X, flickr.

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